sábado, 14 de noviembre de 2009

Una estrella y unos cuervos que ensombrecían el sol


Ir al cine y salir pensando que no has tirado siete euros a la basura es una de las mejores sensaciones que se pueden sentir hoy en día. Mayor es el placer cuando sales y tienes ESE sentimiento. No soy capaz de explicarlo. Es de plenitud. No, es de ganas de hacer muchas cosas. No, tampoco. Bueno, supongo que alguien sabrá a qué me refiero.

Esa sensación la tuve yo después de salir de ver 'Batman, El Caballero Oscuro'. Durante las más de dos horas de metraje, apenas pude pestañear ante el derroche de talento interpretativo de un genio: Heath Ledger. Alguien capaz de dejar a la altura del betún al mismísimo Christian Bale.

Un año después, fui a ver la obra póstuma de este australiano: ‘El imaginario del Doctor Parnasus’, del genial Terry Gilliam. Irónicamente, el primer plano en el que aparece Heath está colgado-ahoracado del puente de Westminster. ¿Es una broma? No lo era. En ese ambiente de imaginería y carnaval grotesco, Heath interpreta al embaucador. A un simple vendedor de si mismo. Una especie de prostituta de una sociedad que estamos cansados de ver cada día.

La película me pareció una obra maestra que ningunea la creatividad de Tim Burton. Eso puede parecer un insulto, pero no lo es. A mi me encanta Burton. Pero lo siento, Guilliam te ha superado. La película habla de los olvidados. De los que se niegan a aceptar que el mundo ha cambiado. De los que luchan por cumplir sus sueños sin dejar que la realidad los aplaste. De los locos. Del espacio onírico que esconde cada uno de nosotros.

Aunque Heat no cuenta con un personaje tan excepcional como Joker, lo borda. Y no sólo eso. Ves a actores de la talla de Johnny Depp o Jude Law interpretándole a él. No a Tony Liar, sino a él. El 22 de enero de 2008, Heath ponía fin a su vida ingiriendo una cantidad excesiva de tranquilizantes. No se suicidó, simplemente no podía dormir desde hacía meses. La carrera de Ledger es completamente contraria a la de Robert De Niro. Mientras que el primero hizo obras maestras de joven para venderse de viejo, Heath comenzó con películas de mierda para acabar siendo un genio. Nos quedaremos con las ganas de ver el final, como yo me quedé con las ganas de verle haciendo de Joker una vez más. Este post es un homenaje a Heath. Creo que tiene mucho más valor que ese Oscar de la Academia. Nunca habría tenido la maldita estatuilla de estar vivo. Es justo eso de lo que habla El imaginario del Doctor Parnasus. De la mentira de la realidad. De que el verdadero teatro es esa vida de falsedad que rodea las estrellas. Pero Heath era una estrella de verdad, no de las que van por la alfombra roja, sino de las que brillan una noche sin luna.

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