miércoles, 2 de diciembre de 2009

Muse: la ópera incendiaria del siglo XXI


Tres edificios que parecen pertenecer a la Oceanía orweliana de 1984 se iluminan y muestran siluetas humanas que suben mecánicamente unas escaleras. Su marcha hipnótica sigue las instrucciones de una voz, hasta que se detienen en lo alto. Entonces, una de ellas se precipita al vacío. Las demás la siguen, el discurso del loco. Silencio. Es la calma que precede a la tormenta: explota el mundo en colores rojos, con una batería que clama a la revolución y un bajo incendiario. Suena Uprising y todos enloquecemos.

Así empezó el que ya está siendo considerado por la crítica como el mejor concierto del año. Pero dejando de lado las excelentes crónicas que ya se han publicado, diré, desde mi humilde opinión, que lo que presencié el sábado 28 de noviembre de 2009 jamás se diluirá en el recuerdo. Aún hoy, tres días después, no dejo de sentir escalofríos al recordar aquellas dos horas.

The Resistance ha supuesto una revolución en la banda de Teighmouth, que hace ya diez años presentó su primer trabajo -fabuloso como todos los demás-. Sus letras, mucho más políticas de lo acostumbrado, guiadas por un rock que flirtea, aún más, con la música clásica y la electrónica, muestran que Muse maduran y se niegan a no evolucionar. Pero no sólo son unos músicos excelentes, además tienen unos de los mejores directos del mundo que, con la gira de The Resistance, se ha superado.

Nunca les había visto en concierto, pero me he tragado actuaciones memorables como la de Wembley Stadium en 2007, la de Glastombury en 2004, el directo en el Zenit parisino de Hullaballo y un sin fin de vídeos de Youtube. Para mí, el espectáculo de esta gira lo supera. La puesta en escena es tan arrolladora que, cuando se acaba no sabes muy bien si irte a quemar el parlamento o emborracharte hasta perder el sentido. A ello se le suma el inagotable talento del gran Mathew Bellamy, cuyos dedos bailan como poseídos sobre las cuerdas de la guitarra, o sobre el fluorescente teclado de su Kawai, y cuya voz nos hace preguntarnos si se trata de un soprano que se ha equivocado de recital. Pero no, Muse es su sitio: un lugar que ha construido con la ayuda de dos grandísimos músicos como lo son Chris Wolstenholme y Dominic Howard.

Starlight, Resistance, United States of Eurasia, Map of the Problematic, Plug in Baby, Supermassive Black Hole, Feeling Good, Unnatural Selection, New Born... la lista de temazos con los que me sumergí en una especie de trance hipnótico suponen casi el total del concierto. Incluso canciones como M.K Ultra, que tiene más sombras que luces en el disco, cambió completamente cuando la oi en el Palacio de los Deportes. Y cuando creía que todo era insuperable, se tomaron un descanso -el último- para regresar con Exogenesis Part I: Matt Bellamy tocaba desde su pedestal y nos transportaba a otra realidad. La suya, la que crea con cada nota que surge en su cabeza. No era suficiente verle retorcerse en espasmos al son de su creación alrededor del mástil de esa maravillosa Manson Red Glitter, porque entonces comenzó Stockholm Symdrome y nos hizo viajar en el tiempo para llegar al mismo Marte con Knights of Cydonia. Apoteósico.

Muchos se quejan de que Matt es poco comunicativo con el público, que le falta estar más entregado a los que pagan por escuchar su directo. No estoy de acuerdo. Matt Bellamy lo da todo en el escenario. Se encierra en ese mundo que sólo él puede comprender y se entrega a la música tanto que parece que está haciendo el amor con ella. Verle tocar la guitarra es posiblemente uno de los mejores espectáculos que se pueden disfrutar hoy día. Ya tenía claro que es un maldito genio, pero verle a escasos metros me absorbió de tal manera que las 18.000 personas del estadio, incluidos los amigos con los que había ido, desaparecieron para mí. Cuando todo acabó y las luces se encendieron, intenté volver a la realidad, pero tardé toda esa noche. Fue al día siguiente, al despertar, cuando regresé. La buena noticia es que no había sido un sueño: había visto a Muse.

Ahora, escuchando Exogenesis Part III, siento que esta droga se ha vuelto mucho más adictiva. No me vale con escucharles, necesito volver a verles una vez más y otra y otra. Quiero regresar a esa intacta realidad que el pasado sábado, por fin, dejó de ser virgen.



Muse revoluciona Madrid


sábado, 21 de noviembre de 2009

Another Note...¡no os compréis este libro!


Hace un año exactamente, empecé a leerme Death Note. Aunque no necesite presentación, diré que se trata de un manga escrito por el/la genial Tsugumi Ohba y dibujado por Takeshi Obata. Es mi segundo cómic favorito, sólo superado por otra obra maestra, The Sandman (Neil Gaimman). Me he leído sus 12 volúmenes sólo dos veces –caerán más-, he visto todos los capítulos de la versión anime -muy buena por cierto si se compara con otras adaptaciones manga como Gantz- y me he tragado las tres películas de serie B japonesas que se hicieron sobre la historia -Death Note, Death Note: The last Name y , la horrible, L Change The World-.

Cuando había agotado todo el universo Death Note que había a mi alcance, Glenat anunció que se traducirían al castellano tres obras: la enciclopedia Death Note 13, How to Read y las dos novelas Another Note: el caso del asesino en serie BB de Los Ángeles y L Change the World. El primero al final me lo compré en Londres en inglés porque no pude resistir la tentación al verlo en una tienda manga. Pero para las novelas, esperé a la traducción que llegaría en octubre.

Por fin, este mes de noviembre las han puesto a la venta, con el acostumbrado retraso. Me hice con la de Another Note, porque era la que más me interesaba ya que se centraba en el caso de Beyond Birthday, el asesino en serie al que se enfrentó L con la colaboración de Naomi Misora -novia de Ray Penber y mártir en la historia original-. El tal BB, al que yo conocía a base de frikear por Internet, es un psicópata extremadamente inteligente y con la sana afición de desmembrar, acuchillar y torturar a seres humanos. Físicamente, imitaba a L, por lo que se podía confundir con el primero muy fácilmente. En definitiva, un gran personaje que bien podría estar a la altura de L o Light Yagami.

Bajo esta premisa, la historia prometía: dos mentes brillantes enfrentadas en el juego habitual de 'quién gana a quién' (igual que Kira contra L, pero cambiando a éste por otro villano). Desgraciadamente, no fue así. Por mucho que se tenga un buen argumento, si no se sabe construir una historia como es debido, se llega a la mediocridad o a algo peor: al fracaso absoluto. De hecho, en este caso, es lo segundo: un libro malo, muy malo -¡¡malísimo!!-, por el que, encima, he pagado 16 euros. La autora, Nisio Isin, es una japonesa que, al igual que la gran mayoría de seguidoras de Death Note excepto yo y otras pocas, está enamorada de L. De hecho, y cito textualmente, en el epílogo asegura que estuvo apunto de titular a su basura Another Note: ¡a L me lo comería!. Por desgracia, no lo hizo. Si se hubiera atrevido, nadie habría comprado su maldito libro y jamás habría llegado a España o al resto del mundo.

Pero al final, fue lista y decidió engañar al personal con un título atrayente para la mayor parte de lectores de Death Note. Tras leérselo, me atrevo a decir que el 99,9 por ciento de compradores se acordará del árbol genealógico de la señorita Isin y deseará que se prohíba por ley que esta mujer publique algo más en su vida. Pero a Isin le dará igual, porque la pasta ya se habrá ingresado su cuenta. Maldita estafadora.

Así que amigos, os recomiendo, casi os suplico, que no cometáis mi error: NO OS COMPRÉIS ESTE LIBRO. Es una auténtica mierda. Es literatura barata, está mal escrito y, encima -algo imperdonable para una basura de tal calibre-, es pretencioso. Que os lo deje algún idiota que, como yo, ya lo tiene en la estantería junto a los tomos del manga. Estáis advertidos.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Una estrella y unos cuervos que ensombrecían el sol


Ir al cine y salir pensando que no has tirado siete euros a la basura es una de las mejores sensaciones que se pueden sentir hoy en día. Mayor es el placer cuando sales y tienes ESE sentimiento. No soy capaz de explicarlo. Es de plenitud. No, es de ganas de hacer muchas cosas. No, tampoco. Bueno, supongo que alguien sabrá a qué me refiero.

Esa sensación la tuve yo después de salir de ver 'Batman, El Caballero Oscuro'. Durante las más de dos horas de metraje, apenas pude pestañear ante el derroche de talento interpretativo de un genio: Heath Ledger. Alguien capaz de dejar a la altura del betún al mismísimo Christian Bale.

Un año después, fui a ver la obra póstuma de este australiano: ‘El imaginario del Doctor Parnasus’, del genial Terry Gilliam. Irónicamente, el primer plano en el que aparece Heath está colgado-ahoracado del puente de Westminster. ¿Es una broma? No lo era. En ese ambiente de imaginería y carnaval grotesco, Heath interpreta al embaucador. A un simple vendedor de si mismo. Una especie de prostituta de una sociedad que estamos cansados de ver cada día.

La película me pareció una obra maestra que ningunea la creatividad de Tim Burton. Eso puede parecer un insulto, pero no lo es. A mi me encanta Burton. Pero lo siento, Guilliam te ha superado. La película habla de los olvidados. De los que se niegan a aceptar que el mundo ha cambiado. De los que luchan por cumplir sus sueños sin dejar que la realidad los aplaste. De los locos. Del espacio onírico que esconde cada uno de nosotros.

Aunque Heat no cuenta con un personaje tan excepcional como Joker, lo borda. Y no sólo eso. Ves a actores de la talla de Johnny Depp o Jude Law interpretándole a él. No a Tony Liar, sino a él. El 22 de enero de 2008, Heath ponía fin a su vida ingiriendo una cantidad excesiva de tranquilizantes. No se suicidó, simplemente no podía dormir desde hacía meses. La carrera de Ledger es completamente contraria a la de Robert De Niro. Mientras que el primero hizo obras maestras de joven para venderse de viejo, Heath comenzó con películas de mierda para acabar siendo un genio. Nos quedaremos con las ganas de ver el final, como yo me quedé con las ganas de verle haciendo de Joker una vez más. Este post es un homenaje a Heath. Creo que tiene mucho más valor que ese Oscar de la Academia. Nunca habría tenido la maldita estatuilla de estar vivo. Es justo eso de lo que habla El imaginario del Doctor Parnasus. De la mentira de la realidad. De que el verdadero teatro es esa vida de falsedad que rodea las estrellas. Pero Heath era una estrella de verdad, no de las que van por la alfombra roja, sino de las que brillan una noche sin luna.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Zona Zero


Estoy en la Zona Zero. No tiene nada que ver con extraterrestres ni escombros de rascacielos. Simplemente es un lugar que te aísla del mundo, que te impide comprenderlo. Estar aquí dentro es como estar ciego, sordo y mudo. Se llega cuando te caes por una grieta. El mundo está lleno de ellas, pero no se ven. Cuando te quieres dar cuenta, una te ha engullido. Entonces ya es demasiado tarde: estás en la Zona Zero.

Llevo aquí desde ayer. No hay ventanas, no hay puertas. Sólo paredes. Un maldito metro cuadrado en el que sólo te respiras a ti mismo. Si pasas aquí más tiempo del necesario, acabas envenenado. Envenenado de ti. Sobredosis de ego. Una muerte lenta y dolorosa. No quiero morir así.

Me gustaría viajar en el tiempo, volver atrás e intentar encontrar la jodida grieta. Quizá si hubiera mirado un poco habría podido sortearla. Supongo que es el mismo pensamiento que tienen todos los que se ven atrapados en la Zona Zero. Llegar aquí es muy fácil. Tan fácil. Solemos caer los que mantenemos la vista en el cielo y no en el suelo. El mal de los habitantes de los castillos en el aire. Cada uno encerrado en una celda, aislados del mundo. Un mundo del que siempre queremos escapar. Pero cuando estamos fuera, lo echamos de menos.

sábado, 7 de noviembre de 2009

El día que decidí hacerme un blog

Sábado. 3:00 pm. Un puente por delante. Tras un extraño sueño, cortesía de mi subconsciente -muy habituales por cierto-, una idea me ronda la cabeza: crear un blog. Sí, un blog donde pueda escribir y reflexionar sobre lo que quiera. Un blog donde exprese MI opinión y -muy importante- hable en PRIMERA PERSONA.

Ya era hora de que volviera a reservarme un pequeño espacio en la inmensa realidad de ceros y unos que es internet. Quizá el título de este blog me parece adecuado por eso, porque la red es infinita y todavía quedan muchas realidades intactas y vírgenes por explotar. O quizá simplemente sea en honor a esa gran frase de 'Plug in baby'.

No me voy a presentar, esa será la misión de mis entradas. Y los que las lean irán arrancando poco a poco las capas de esta cebolla-personalidad, hasta que crean que tienen una idea de cómo soy. Llegados a ese punto, apareceré yo para decirles que se equivocan. Bienvenidos a las reflexiones de una caminante del lado oscuro.