
Muchos días sin actualizar el blog: hoy la situación lo requiere. En el Parlamento se ha votado en contra de la Ley Sinde -con 20 votos desfavorables y 18 a favor- cuyo objetivo final era cerrar las páginas webs que surten de cultura gratuita e ilegal al pueblo llano. Tras ver y escuchar un debate generado a propósito de esta ley, me surgen muchas ideas. La primera palabra que me viene a la mente es HONESTIDAD.
Sí, seamos honestos. El Gobierno y las industrias culturales de nuestro país exponen que somos de los pocos países que no regulan las 'descargas ilegales'. Defienden que, tumbado esta propuesta de Ley, se está abocando al fin de la industria cultural española, tanto cinematográfica, como musical. A mi me parece que huele una excusa y que se echan balones fuera respecto a un mal que asola a nuestra cultura desde hace años.
En lo que al cine se refiere, me gustaría que no trampeasen sus argumentos de esa manera: no se muestra en cifras cuál es el consumo real de cine extranjero -principalmente de Hollywood- respecto al de nuestro país. Sin tener datos, estoy segura que el consumo ilegal de cine producido en España es, máximo, del 10 por ciento. Es evidente que la industria norteamericana produce un 90 por ciento más, pero el mal endémico que sufre el cine español nada tiene que ver con Internet. Es algo que viene de largo: la gran parte de proyectos españoles no salen a flote y hay pocos autores que consiguen estrenar sus películas, las cuales van a ver cuatro gatos. Triste, pero así es. A lo que se suma que, hoy por hoy, la calidad de nuestro cine, salvo excepciones, deja bastante que desear.
Vayamos a las series. Curioso, ocurre lo mismo. Conozco mucha gente que, como yo, consume series por Internet. Primero porque es gratis o, al menos más barato que pagar una televisión por cable o satélite, no digamos ya comprarse un DVD. Casualidades de la vida que nadie se baja ni ‘Cuéntame cómo pasó’, ni ‘Aquí no hay quien viva-La que se avecina’, ‘Física y Química’ o ‘Águila Roja’. La razón es que esas series las emiten en los canales españoles hasta la saciedad, más ahora con la llegada del TDT. Por tanto los españolitos, con la crisis como losa en nuestra espalda por cierto, lo que nos descargamos son series extranjeras que, o bien no se emiten y jamás lo harán o bien se emiten de mala manera (si no cuentan con audiencia, dejan de formar parte de las parrillas rápidamente). Vaya, parece que no afecta tanto a la Industria Cultural española Series Yonkis, uno de los objetivos principales de la Ley Sinde.
Lleguemos a la música. Aquí me voy a explayar. Desde que Internet se ha generalizado, el consumo musical ha crecido exponencialmente. Son muchos los grupos, y no estoy hablando sólo de los emergentes sino de artistas con un caché importante, que ponen a disposición de los Internautas su música gratis. Algunos toda su discografía. Se me ocurren unos cuantos ejemplos. Entonces, ¿qué pacto con el diablo han hecho esos hijos del rock para que seguir vendiendo discos y hacer llenazos en salas, pabellones o, incluso, estadios? Y ahí es donde quería llegar: los grupos musicales, que en su mayoría encomiendan sus creaciones a las discográficas, se llevan un porcentaje de risa en las ventas de sus discos. Anda, ¿entonces hay otra manera de ganar dinero con nuestra música? Sí: haciendo conciertos. Pero es muy fácil vivir en una burbuja de estrella y hacer, poniéndome generoso, diez bolos al año -eso si he sacado un disco-. Así son muchos de nuestros artistas que gozan de cientos de miles de fans. Porque veamos a grupos extranjeros con mucha solera y que forman parte del ‘Olimpo de los Dioses’, como U2, cuyo Tour 360º sigue dando guerra un año después. U observemos a los vendidos Muse, que desde septiembre de 2009 han recorrido Europa, Asia, América y otra vez Europa y Norteamérica con más de cien fechas en apenas un año. ¿Mucho curro, eh? Puedo seguir, pero la lista es bastante larga.
La industria musical española es un chiste y lo es, en parte porque no se ofrece la oportunidad que debiera darse a aquellos que buscan hacer algo distinto. Aquellos que no se cortan por el patrón de la radiofórmula. Esa gente da a conocer su música a través de Internet y haciendo conciertos. Pero ellos, como bien han dejado patente en ese debate que he estado escuchando mientras cenaba, no son importantes. Pero dejaré de irme por las ramas: hay muchas maneras de rentabilizar nuestro trabajo y hacerlo llegar al mundo y vender discos es una parte casi ínfima en ese proceso.
Y finalizo hablando de nosotros, los consumidores. En España, si quiero comprarme un disco tengo que tener preparados 15 euros como mínimo. Esta tarde quiero ir al cine: ocho euros. Con estos abusos, derivados de un canon atroz y de la propia industria (sellos, distribución, producción...), sólo puedo ir a ver esa película con efectos especiales que se que merece la pena en pantalla grande o comprarme el disco de mi grupo favorito. El cual, por cierto, he testeado previamente por Internet, no como antes, que te dejabas la paga de varias semanas en un disco que era una mierda y que, ni el autoconvencimiento mediante interminables escuchas, lo hacía más bueno.
Mientras la cultura siga siendo un bien de lujo, seguiremos con el parche y saturaremos las redes sociales durante horas en protesta de lo que nos parece injusto, demagogo y poco honesto. Y por supuesto, seguiremos consumiendo 'ilegalmente' cultura por Internet.
